El domingo pasado bien tempranito me esperaban en casa Elena y Cruz, desayunamos juntos mientras terminaban una tortilla de patata q mas tarde metida en bocadillo se convertiría en el manjar del día.

Salimos hacia la Pedriza desde la Navata, todo en inmediaciones de la A6 q va desde Madrid a la Coruña y la Carretera de Colmenar Viejo, cerca de Cerceda y el Boalo, hay una entrada en la que se controla el paso, cuando llegamos aún cabían 80 coches, ni uno más.

En una explanada de parking nos encontramos con los demás, César, Pelayo, Oscar y Fernando, e iniciamos el camino hacia el Cancho de los Brezos,

costó, pero no fue mucho,  según ascendíamos vi claro q íbamos de escalada, yo pensaba q iba de marcha a caminar, pero la emoción de escalar hacía mucho mas atractivo el día,

cada dos eligieron las vías q iban a iniciar y tras algo de atuendo y organización, todos escalando, excepto los tres mosqueteros, en este caso, Elena, Cruz y yo,

Nos subimos a una zona q prometía, Cruz nos dió una clase acelerada magistral acerca de el arnés, los mosquetones, pies de gato y demás…. y cuando ya veía al pequeño saltamontes encaramado en la roca, van las brujas de al lado y nos quitan el primer enganche, o como se diga, placa, q ya lo he olvidado, (mi mala memoria).

Así que muy diligentes sin quejarnos nada, nos cambiamos de roca y vuelta a empezar,

….con tan mala suerte q con la prisa y la adrenalina típica de los escaladores, ocurrió que una cuerda bien hermosa se atascó entre varias rocas,

….y hasta q no aparecieron Alex y Ana de Becerril, que vinieron a pasear a los perros y a decir hola, después de dos horas, no conseguimos deshacer el entuerto,

en fin, a mi me entró el hambre, Elena estaba ya menos inclinada a probar lo de escalar, y nada, q la tortilla, los quesitos, el pan, el agua, de los mejores momentos del día,

con semejante atracón, yo me quedé frita al sol q picaba como un demonio, pero quéeee gusto como lucía!!

tras la siesta, recuperadas energías y entusiasmo, ni cortas ni perezosas, Elena y yo nos subimos a esas zonas donde es imposible subir y mucho menos bajar….

una vez arriba, un placer ver a Pelayo abrir una vía de lo más difícil, “q me parto”(esa se llama así, q tienen nombre y números las vías) y a César gritando en su propio estilo, ….esto no se puede contar, se ve y se escucha, pq es único….

la bajada casi nos cuesta la vida (es una hipérbole, pero q miedo pasé) y a Elena alguna lágrima q al final no derramó,

Tras esta sobredósis, decidimos el descenso pero ya  al parking, dejando a los escaladores a lo suyo,

y me di cuenta q la cámara de fotos había hecho mucha falta ese domingo, para mostraros la belleza de la Pedriza, tan cerca de Madrid, hay una joya natural dificil de calibrar,

la luz de la vuelta era fantásicca. vimos varias cabras montesas tan acostumbradas al público q ni se movían al vernos y escucharnos,

un sitio privilegiado q ya no quiero dejar de conocer….

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