Una semanita de crucero, había que probar, pero es un todo incluído en un barco gigante, donde el mar es lo menos importante, y el tiempo limitado para visitar las ciudades por donde se pasa, no deja disfrutar como en otras experiencias de las gentes y los lugares de culturas distintas a la tuya. te quedas en la superficie y lo más turístico de todo.
Lo mejor del crucero, al menos en este barco americano es q todo es de color de rosa, todo el mundo te sonríe, todo es un buen rollo extraordinario, todo está preparado para q estés con una sonrisa de oreja a oreja de principio a fin.
La animación muy americana, pero tampoco necesitaba más, con la compañía, eramos cuatro mujeres con ganas de disfrutar, fue suficiente.
A la ida Venecia era un horno pero tan bonita!!, Dubrovnik, preciosa perla del mediterráneo, gracias q yo ya la conocía de una ocasión anterior y la había vivido tanto….
En Santorini el calor y la humedad te dejaba arrugadito como una pasa, y lo que lloré subida al burro, que miedo, cuesta abajo casi en vertical….ufff!!
Corfú sencilla, me gustó mucho, se respiraba serenidad, un sitio para quedarse..
De vuelta un dia y una noche en Venecia, hasta frío pasamos, en una semana se pasó de los 44 grados a los 18, que me digan que el cambio climático no existe, vamos!!

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